¡Basta ya…!

Óscar Cano, entrenador del Deportivo de La Coruña | europasur.es

Llegó la hora de decir basta. La situación se ha tornado insostenible.

El Real Club Deportivo no puede permitirse que cuatro señores lo sigan gobernando y arrastrando por el barro del fútbol español, como si se tratara de un equipo modesto de cualquier barrio coruñés. Y da igual que ahora el propietario sea una entidad bancaria. El verdadero valor del Depor es social. Los más de 25.000 socios y los miles de aficionados desparramados por el planeta no merecen semejante insulto. Porque eso es en lo que han transformado al Deportivo. En un insulto hacia su gente semana tras semana. Por historia, por afición y por títulos, esta realidad ya es una película de terror con protagonistas que no llegan ni a la categoría de figurantes.


Óscar Cano no debería seguir un minuto más en la institución. Es nocivo para la plantilla porque carece de ideas superadoras en los momentos claves. Utiliza siempre a los mismos futbolistas (hasta cambiándolos de su posición natural) a pesar de vendernos la moto de que cuenta con fondo de banquillo y que todos pueden jugar. No sabe leer los partidos (cuestión muy grave en su profesión) porque ha demostrado, sobradamente, que carece de lo indispensable para dirigir a un conjunto como el blanquiazul. Lo más patético es que no importa lo que suceda en el campo de juego. A él le sobran excusas y argumentos para defender su posición y sus decisiones. Tal vez piense que por estas tierras somos tontos e ignorantes en cuestiones del deporte rey. Y entonces intenta darnos clases magistrales de cómo debemos interpretar el trabajo de sus dirigidos. En fin… un charlatán de feria, un encantador de serpientes, con demasiada oratoria teórica y escaso discernimiento e intelecto en lo referente a la auténtica gestión futbolística.


Llegó la hora de decir basta porque el Depor tiene la mejor plantilla de la división malograda por administradores inadecuados. Tras la derrota en Salamanca, y de acuerdo a lo que suceda con los rivales directos en la lucha por el ascenso, ya comienza a correr peligro incluso la posibilidad de jugar la promoción. Soy de los que piensan que ser campeón y subir de forma directa a Segunda división es una utopía. Ojalá me equivoque, se alineen los planetas y el milagro sea posible. Pero visto lo visto, no parece razonable pensar que ello ocurra.
Los caballeros que eligieron a Cano, y antes a Borja Jiménez, debieron partir de la premisa de que era necesario dar el mando del barco a entrenadores que conocieran la categoría (la tercera del fútbol nacional). Lo que no consideraron es que el Deportivo no es una embarcación menor como la mayoría de las que navegan este mar. El Depor es un trasatlántico en aguas de lanchas y veleros.
Por lo tanto, y a estas alturas del siglo XXI, ya deberían haber aprendido que para conducir el Depor la primera e incuestionable cualidad que debe reunir el seleccionado es conocer por dentro el club. Saber a qué se enfrentará cada día en Abegondo y cada quince días en Riazor. Tener la espalda suficiente para soportar la presión interna y externa.


Hoy en día todos los técnicos de fútbol cuentan con los soportes humanos e informáticos adecuados para saber las virtudes y defectos de propios y extraños. Mucho más en el Deportivo, donde el Big Data, el Scouting y la inteligencia artificial parecen ser más importantes que introducir el balón en la portería contraria. Sobran ex jugadores de la época de Champions devenidos en directores técnicos con condiciones más que suficientes para hacerse cargo de esta catástrofe. Y que cuando el escogido ingrese al vestuario, todos los jugadores se pongan de pie para rendirle pleitesía por haber sido uno de los actores principales de la década dorada. No importa si tienen o no experiencia en los banquillos. Para muestra basta con pensar en Lionel Scaloni, por nombrar a uno bien conocido y amado en esta ciudad.


Los que mandan (mal… pero mandan) en el Deportivo están todavía a tiempo de modificar el rumbo, cambiar de entrenador y devolver la ilusión a la familia blanquiazul. Porque este club no puede ni debe permitirse continuar un minuto más en manos de gente que no sabe dónde está ni lo que representa. Ha llegado la hora de apostar por un proyecto serio, que incluya la cantera, y que de verdad se corresponda con el escudo que tanto suelen besar los futbolistas.