Memphis y Oblak engañan a la meritocracia

El defensa mozambiqueño del Atlético de Madrid Reinildo Mandava (d), disputa el balón con el centrocampista del Celta de Vigo Gabriel Veiga (i) durante el partido correspondiente a la Jornada 21 de LaLiga Santander que enfrenta a ambos equipos este domingo en el Estadio de Abanca Balaídos de Vigo (Galicia). EFE/ Salvador Sas

Para esto llegó Memphis Depay al Atlético de Madrid. El plan del Cholo Simeone, siempre por el filo de la navaja, necesita actores protagonistas en las dos puntas del campo para que no se noten las carencias que hay entre medias.

Y no es por falta de calidad. Si bien De Paul y Koke tampoco son la alegría de la huerta en lo que a generar fútbol se refiere, todo viene dado desde la banda.

No puede ser casualidad que un equipo con los mimbres del Atleti, de inicio, tire a la basura una parte. Siempre, siempre, siempre. Son contadas las ocasiones en las que resolvió o intentó hacerlo antes del descanso. Era entendible y plausible el plan de Simeone cuando llegó a un equipo miedoso y con temor al éxito igual que es entendible estar asustado en una guerra cuando el tenedor es tu arma. Pero no lo es que tiemblen las piernas si son tanques, bazokas y granadas las que te acompañan.

Tampoco puede ser casualidad que sean los rojiblancos el equipo en el que los suplentes más goles marcan. Esa tendencia a dejarlo todo para el final, además de aburrir durante muchos minutos a los aficionados, conlleva un riesgo que debe ser advertido, sobre todo, en estas ocasiones. Cuando entra la pelotita. Justamente, para que no sea una sorpresa cuando no lo haga, algo que, tarde o temprano, tiene que pasar más con este tipo de planteamientos.

No fue el Atleti más plano del mundo ni el más aburrido. Pero lo anteriormente expuesto volvió a quedar demostrado cuando, con la entrada de Carrasco, solo necesitó el equipo unos minutos del segundo tiempo para acelerar, llegar y dominar. ¿Por qué no antes? ¿Por qué racanear de ese modo? Que no quede este análisis como un elogio al Celta. Tampoco los gallegos se estiraron alocadamente en la primera parte, aunque quizás tengan menos balas que el Atleti en la recámara. Solo lo hicieron cuando se vieron con uno más gracias a una nueva expulsión de Savic, la tercera en lo que va de temporada. Entonces, dejaron cascadas de llegadas y ocasiones que encontraron en Jan Oblak a uno de los culpables de ese engaño a la meritocracia que fue el 0-1.

Quiso tener más ritmo la primera parte del esperado, pero las constantes faltas, lo caldeado que se puso el ambiente desde bien pronto y una torpe gestión de Figueroa Vázquez no lo pusieron nada fácil. El Celta sí logró dejar cositas cerca del área de Oblak antes del descanso, mientras que el Atleti se limitó a ¿asustar? con un Griezmann que se ve muy solo en la parte mágica del equipo. De hecho, es que está completamente solo.

Sus internadas por la izquierda sirvieron algún balón a un aislado Morata que tiene uno de los oficios más monotonos del mundo: ser la referencia ofensiva de este Atlético. Todo un funcionario del gol. Solo pudo rematar un centro en todo el primer tiempo, mientras que Griezmann lo intentó con un disparo forzado por encima del larguero y con una asistencia a Llorente cuyo remate, que olía a mucho peligro, se estrelló en los ‘Renatitos’ de Tapia.

Por parte celeste, Carles Pérez, muy activo en todo el partido, amenazó con su eslalon y disparo de zurda clásicos, una fórmula que intentó en dos ocasiones. La primera se la bloqueó un defensa y la segunda, la punta de los dedos de Oblak. Aspas también inquietó a la zaga rojiblanca con alguna aparición peligrosa antes de que De la Torre, ya en el 44′, probase suerte con un tiro que tuvo más intención que dirección.

Acelerón, expulsión y disfraz

Tras el descanso, el Atlético demostró que, efectivamente, antes no quiso. La diferencia con el Celta, que apretó cuando se quedó con uno más, es que los gallegos sí quisieron cuando pudieron. Los de Simeone no pudieron hasta que no quisieron. 

Entró Carrasco y el equipo del Metropolitano creció de forma exagerada. Velocidad, llegadas, presencia en el área y alguna que otra clara ocasión de gol hicieron encerrarse a los de Balaídos. En el 48′, Llorente encontró, con un pase atrás, a Morata en el área y este, de primeras, soltó un remate fuerte y ajustado que obligó a Villar a sacar una mano salvadora para evitar el gol. En el rechace, Carrasco, que estaba en fuera de juego, la mandó fuera de primeras.

Griezmann, acto seguido, intentó un remate que se fue demasiado alto antes de que Iago Aspas tuviera el 1-0 en sus botas. En pleno auge ‘colchonero’, el ’10’ cogió mal parada a la defensa y, tras un pase al espacio de Javi Galán, encaró a Oblak. Este rozó su remate lo justo para frenar un balón que, sin embargo, se empeñó en llevar dirección a portería, pero el esloveno, con agilidad felina, sacó la bola justo encima de la línea.

Mandaba el Atleti con balón, pero, sobre todo, con intenciones. Pero, una vez más, su frenazo coincidió con la entrada de Witsel al campo. La velocidad y el descaro de Llorente, al banquillo por la rocosidad del belga. El mensaje, bastante claro. Sin embargo, el auténtico frenazo llegaría en el 70′, con la expulsión de Savic. Agarró a Seferovic, que se iba solo ante la portería de Oblak, y vio la roja directa, la tercera en los últimos meses.

Fue entonces cuando el Celta, al fin, recibió la invitación. Ahora sí tenía las puertas abiertas de par en par de los tres puntos. Y fue entonces cuando, con todo, fue a por ellos. En esos 20 minutos, mereció, como poco, parte del botín que se llevó el Atleti en lo futbolístico. En lo ético y poético, mucho más.

Aspas mandó la falta de la expulsión al larguero y Gabri Veiga no pudo remachar con acierto el rechace. Carles Pérez, con otro trallazo de los suyos, hizo trabajar de nuevo a Oblak y Tapia, en el córner, remató fuera en el área. Las ocasiones se sucedían en un Balaídos que rugía de lo lindo. Poco después, Veiga lo intentó desde la frontal con un tiro desviado que lo fue porque Seferovic no llegó para enderezarle el rumbo.

Respiró el Atlético con una gran recuperación y un mejor pase de Koke a Memphis Depay, ya en el campo, a la que salió muy atento Iván Villar. El meta fue clave, pero más lo sería su homónimo rojiblanco en el 85′. Reinildo quiso cortar un pase de la muerte para Aspas, pero lo que hizo fue, a muy poca distancia, dirigir el balón a su propia portería. Por suerte para ellos, se encontró a un salvador Oblak.

El disfraz le fue puesto a la meritocracia en el minuto 89. Después del arreón del Celta, pocos creían que llegaría el 0-1, pero llegó. Memphis se estrenó con un tanto de auténtico ‘killer’. Cazó un balón suelto en el área tras un disparo de Carrasco que dio en un defensa y, a la media vuelta, batió a Iván Villar con un suave remate que entró lentamente en la portería.

El gol le dio una victoria al Atleti que le hace aferrarse a los puestos de Champions League. A falta de juego y ambición, la resiliencia y la fe, seguramente, sí que fueron merecedoras de un premio así. Supieron sufrir con diez y encontraron un botín que, eso sí, solo buscaron durante un rato del partido. Como siempre.

Fuente de la noticia : Carlos Torregrosa | https://es.besoccer.com/